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ATLANTES

UNO DE LOS PROYECTOS MÁS AMBICIOSOS DE ‘LAND ART’ EN MÉXICO


El artista mexicano Bosco Sodi, en colaboración con las galerías Paul Kasmin, Blain | Southern e Hilario Galguera, presenta Atlantes. Se trata de un nuevo proyecto situado a solo unos metros de distancia de Casa Wabi, la residencia artística fundada por Sodi en plena costa oaxaqueña, un área extensa y en gran parte deshabitada, cerca de Puerto Escondido, en México.


La escala monumental de esta instalación de sitio específico, que requirió más de dos años de construcción, está conformada por 64 cubos de arcilla, a su vez compuestos por 1,600 ladrillos del mismo material, sumando un total de 102,000 ladrillos que pesan alrededor de 700 toneladas. Fueron hechos manualmente por el artista mexicano junto a un equipo de artesanos locales en un horno tradicional oaxaqueño, que integran una estructura cuadricular cuyos pasillos forman un observatorio laberíntico.


En él, el visitante podrá recorrer pasillos y experimentar cómo la luz del sol cambia de acuerdo a la hora del día, la estación del año y la orientación en la que el visitante se encuentra ubicado, así como también apreciar las espectaculares vistas del paisaje marítimo, el desierto y la montaña que enmarcan el área, y se asoman entre los cubos.

Caracterizado por emplear métodos de producción que conservan el carácter esencial de los cinco elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego, el artista mexicano crea sus emblemáticas esculturas extrayendo tierra cruda. Comienza por mezclarla con agua y arena para formar la arcilla, un medio de producción ancestral, y posteriormente alisa y moldea manualmente la masa para dar forma a cubos sólidos que se dejan secar al aire libre y bajo el sol en su estudio abierto.

Una vez curados, los cubos se queman en un horno tradicional de ladrillo, con madera, semillas de jacarandas y cáscaras de coco, un proceso que impregna los cubos de diversos tonos de terracota, rayas verdes y negras, así como una multitud de fisuras en la superficie que les dan una cualidad e identidad únicas.


Atlantes probablemente es y será considerado uno de los proyectos más ambiciosos de land art que se hayan realizado en la región, estableciéndolo como un destino obligatorio para cualquier amante del arte, la arquitectura y la naturaleza, al ofrecer una oportunidad a los visitantes para volver a reconectarse con su entorno, consigo mismos y regresar al origen de nuestra esencia.


Sin embargo, la relevancia de esta obra in situ no solo radica en su monumental escala y tiempo de producción, sino en el sentido de entropía que traza sobre la tierra y los efectos ambientales que se dan a lo largo del tiempo mediante la erosión por el inevitable crecimiento vegetal entre los ladrillos, el paisaje cambiante de la playa y las dunas cercanas.


A partir del material con el que fueron moldeados y posteriormente cocidos en un horno rústico, los cubos que integran esta poética instalación representan un retorno gradual a la tierra, haciendo actuar a la naturaleza sobre una obra de arte. A continuación, entrevistamos al creador de esta obra, Bosco Sodi.


¿Cuál fue el concepto o la inspiración detrás de esta pieza?

Quería hacer una gran instalación con arcilla y que eventualmente se deteriorara con el tiempo. Se me ocurrió comenzar con una figura tan humana como el cubo, que con el tiempo llegaría a ser mucho más orgánica y natural porque, en conjunto, da la sensación de sostener el cielo.


¿Cuándo concebiste este proyecto?

Hace más de tres años, pero se requirió mucha planificación: tardamos más dos años para hacerlo porque el ladrillo se fabricó a mano y se quemó en un horno rústico. De cierta manera, quería que cada ladrillo fuera único.


¿Cuál es el mensaje que pretende comunicar a través del monumental proyecto terrestre de sitio específico?

El mensaje será la interpretación que cada espectador le quiera dar, dependiendo de cómo lo sienta y lo entienda.


¿Cómo te sientes al haber creado una instalación monumental de arte público?

Realmente lo que quiero es que Atlantes cambie día a día hasta que los cubos de arcilla se vuelvan tan orgánicos que nadie sepa que eran parte de una obra de arte. Como si fueran ruinas de monumentos hechos por humanos que se fueron convirtiendo en pedazos de tierra retomados por el tiempo, el clima, la vegetación, etc. No solo lo veo como una instalación de land art, sino también como una obra minimalista preindustrial. Por ese motivo, la colosal escultura nos hace cuestionar la relación que hay entre la naturaleza y la humanidad, trabajando en armonía con la tierra.


¿Cuál es tu relación con la naturaleza y con el paso del tiempo?

Creo que el arte, como la vida, es efímero, así que quiero mostrar que, al igual que el arte, solo estaremos aquí por un momento y todo lo que hagamos desparecerá tarde o temprano, únicamente la naturaleza permanecerá.

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