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Actualizado: feb 12



Por Carlos Dragonné


TRES CIUDADES Y CÓMO GOZAR MÁS ALLÁ DEL PARTIDO

Viajar nunca es lo mismo. Aunque los motivos del viaje sean parecidos, cada experiencia y llegada a una ciudad tiene sus elementos de cambio, de nuevas ideas y de nuevas oportunidades. Quizá de las mejores rutinas que se me ocurren en la vida viajera está la de disfrutar un partido de la NFL, cada año en un estadio distinto, intentando seguir a mi equipo favorito, aunque eso me lleve a atravesar la unión americana... claro, porque eso resulta que es un sacrificio.

Tener la experiencia de un partido de la liga deportiva más rentable de Estados Unidos es algo que deberíamos experimentar todos, al menos, una vez. Y es que sean aficionados del equipo que sea, las ciudades donde pueden vivir la experiencia siempre dan algo de qué hablar y tienen lugares increíbles para que los días de viaje sean algo digno no solo de

recordarse, sino de repetirse. Pero seleccionando las joyas ocultas de la NFL, se me ocurren tres ciudades básicas para que no solo platiquemos de las cuatro o cinco horas que les tomará el juego –con tailgating y salida incluidos–, sino un fin de semana entero de gozo e, incluso, elegante decadencia.

FORT WORTH, TEXAS

En Texas el fútbol americano se vive de manera diferente a cualquier otro estado de la Unión Americana. El deporte es, casi, un rito de paso para todos desde edades tempranas, por lo que tener cerca a uno de los equipos favoritos de toda la NFL ayuda bastante. Si bien el estadio de los Cowboys está en Arlington, Fort Worth es el lugar por excelencia para crear una agenda épica.


El primer paso debe sentar las bases de lo que quieren vivir y en Fort Worth hay buena comida, fiesta, arte, experiencias culinarias de altura y una ciudad que está emergiendo como la verdadera estrella del estado. La primera noche puede empezar con un concierto en Billy Bob’s Texas, uno de los espacios más grandes que me ha tocado visitar en donde conviven la comida, la bebida, el rodeo y un escenario musical por el que bien pasa Spin Doctors, Waylon

Jennings, The Wallflowers y hasta la leyenda Willie Nelson. El honky tonk más grande del mundo merece no un concierto, sino una noche con el verdadero espíritu texano en pleno siglo XXI. En pleno distrito histórico de Fort Worth, recorrer los pasillos y ver la evolución de la zona en las fotografías que decoran los espacios de Billy Bob’s es el equivalente a un museo de lo que significa ser vaquero en el mundo moderno


Despertar en el centro de Fort Worth te da la oportunidad de caminar hacia Sundance Square y pasar por espacios históricos como el antiguo Hotel Fort Worth –hoy convertido en un hotel de cadena–, donde John F. Kennedy durmió la última noche antes de su fatal visita a Dallas en noviembre de 1963. De hecho, el último discurso público que dio el 35° Presidente de Estados Unidos fue justo en la esquina desde donde hoy se ve la fachada del centro de convenciones de la ciudad.


El escenario culinario de Fort Worth está creciendo a pasos agigantados. Me atrevería a decir que, incluso, tiene un ritmo de crecimiento más intenso que otras ciudades de las que hablaremos en este texto y, por mucho, un ritmo satisfactorio en términos de calidad. Near Southside es, por muchas razones, mi barrio favorito para darle gusto al paladar. Avoca Coffee es de los mejores lugares para arrancar la mañana y, a partir de ahí, Magnolia Ave. se convierte en el mapa perfecto para estacionar el auto y empezar a ver a dónde nos lleva el antojo. Algo que van a notar en esta ciudad es la ausencia de restaurantes de cadena. Lo que se ha construido a partir de una comunidad joven en Fort Worth es un escenario de sabores interesantes y el rescate de la experiencia Farm-to-Table, lo cual tiene toda la lógica estando donde estamos.


¿Cervezas antes del partido? Fort Worth tiene cervecerías artesanales y un trabajo creativo en la industria cervecera digno de poner atención. De hecho, si se organizan bien, el día anterior al partido pueden ir a desayunar a alguna de las opciones platicadas anteriormente y, entonces, hacer el Fort Worth Ale Trail, una experiencia que los lleva por nueve de las cervecerías locales en crecimiento y que están produciendo poco más de 20,000 barriles al año.

Este es uno de los puntos que hacen a Fort Worth tan interesantes frente a Dallas o Arlington, ciudades vecinas y que comparten el aeropuerto al que pueden llegar desde la ciudad de México, Guadalajara o Monterrey con vuelos directos con varias aerolíneas. Es una ciudad que está cambiando a partir de la visión de una nueva generación de emprendedores enamorados del espíritu de su ciudad y de la herencia de donde viene.

Una de las grandes sorpresas de Fort Worth es el escenario para las artes en que se ha convertido la ciudad. El Kimbell Art Museum es, además de una joya arquitectónica de Louis Kahn, uno de los lugares con colecciones artísticas envidiables y exhibiciones invitadas que hacen temblar a cualquier ciudad. Tan solo en este museo pueden hallar obras de Miguel Ángel, Goya y Matisse como parte de su colección permanente o visitar alguna de sus exhibiciones itinerantes, la más reciente de Renoir. Sin embargo, el distrito cultural tiene una pléyade de opciones que pasan por el Museo de Arte Moderno, el de Ciencia e Historia y el Museo de la Herencia Multicultural del Oeste, tan solo por mencionar tres.


Es sábado en la noche, así que vamos de regreso a Sundance Square, un espacio donde conviven el arte, el entretenimiento y la gastronomía de una forma vibrante. Ya sea que quieran cruzar las puertas de un verdadero clásico como Bird Cafe o tengan antojo de algo más casual, Sundance se está convirtiendo en el punto neural de la ciudad.


De ahí, unos pasos nos separan del Bass Performance Hall donde, dependiendo del calendario, pueden gozar de la gira de alguna obra de Broadway –nosotros tuvimos la fortuna de llegar en las fechas de Fiddler on the Roof, uno de mis clásicos favoritos–, o adentrarse en esas dos manzanas plagadas de teatros y escenarios de todo tipo como el Jubilee Theatre, Flying Saucer o el Hyena’s Comedy Club, este último escenario donde grandes nombres de la comedia han aparecido.


El domingo del juego dependerá del horario en el que los Cowboys reciban al rival de la semana, pero cerrar la experiencia en un restaurante icónico de la ciudad para celebrar victoria o superar derrota. Para eso, el distrito Clearfolk tiene B&B Butchers, uno de los mejores steakhouses que podrán encontrar en la ciudad con una selección envidiable de cortes USDA Prime añejados, de los que el New York con hueso es, quizá, mi favorito. Pero el menú es grande y harán falta varios partidos de temporada para probarlo todo.


GREEN BAY, WISCONSIN. MIDWEST Y COMUNIDAD

Cuando viajo busco que haya huella del viaje hecho. La trascendencia de los lugares que uno visita suele ser directamente proporcional al tamaño de sorpresa que te generó el destino al que llegaste. Green Bay, Wisconsin es la definición de esa palabra: sorpresa. En términos de NFL, sabemos que es un equipo legendario y que hay un sentido de pertenencia que ninguna otra escuadra tiene, pues la misma comunidad es accionista del equipo, por lo que, si se trata de colores y tener puesta la camiseta de aficionado, pocas ciudades le ganan a esta.


¿Qué hay en Green Bay? Comunidad. Esa es la palabra con la que podemos definir lo que pasa en esta ciudad del midwest norteamericano. Con poco más de cien mil habitantes, a nosotros podría parecernos algo poco más que un pueblo pequeño, pero tiene la vibra de una ciudad que se siente orgullosa de cada espacio que presume. El estadio está prácticamente en medio de la ciudad y, como podrán imaginar, todo gira en torno al equipo.


Aquí más que lujos y extravagancias en hoteles y restaurantes, imaginen espacios de descanso y naturaleza, acompañados de una cocina honesta y fresca. Después de todo, estamos en un estado que basa su fuerza económica en la agricultura y la ganadería. Vinos, frutas, leche, quesos y vegetales que bares y restaurantes en la ciudad hacen suyos para crear una cultura gastronómica que privilegia los sabores naturales y honestos que parece complicado encontrar en las grandes ciudades, quizá por la presión que genera la necesidad de figurar en las urbes culinarias.


Y es que cuando no estás bajo el yugo del crítico del New York Times y sus caprichos semanales o no tienes la presión de tener que buscar las estrellas que validan lo que haces en tu cocina, parece que el camino natural es hacer de tu gastronomía el espacio que te divierte y, sobre todo, abraza a tus comensales. Chefusion y Chives son, por mucho, de mis favoritos en la ciudad. Un factor que comparten ambos lugares es la osadía al momento de crear sus menús. El primero con una combinación en un platillo que he escrito y borrado varias veces

al hacer este texto porque conforme lo vuelvo a leer reconfirmo que es una sorpresa enorme por la extraña mezcla de productos. El segundo, el único restaurante donde el chef pone en el menú la receta de otro cocinero –famoso, por cierto– por el simple hecho de que es la receta que le gusta y que espera “hacer correctamente”.


Esta misma libertad y osadía ha hecho que el crecimiento de cervecerías artesanales se haya dado incluso más rápido de lo que los mismos cerveceros esperaban. Badger State Brewing es, por mucho, uno de los ejemplos más claros. Lo que apenas comenzó como un esfuerzo en 2013, seis años después tiene hasta un tap room en el que hasta las mejores bodas de la ciudad se llevan a cabo. Titletown, justo frente al Lambeau Field –y, ya en eso, uno de los mejores lugares para disfrutar un par de cervezas antes de un juego– es otro de los espacios de innovación y desarrollo a partir del sentimiento de comunidad que genera la ciudad.


SAN FRANCISCO. EL EQUIPO SUFRE,

LA CIUDAD COMPENSA

Desde los tiempos de Joe Montana hay muchos aficionados de los 49ers en México. Pero desde los tiempos de Montana el equipo ha sufrido por tener temporadas ganadoras. Vaya, hasta de estadio cambiaron hace unos años y se movieron a Santa Clara, donde el nuevo Levi’s Stadium ya albergó un Super Bowl.


Pero mientras ir a ver a los 49ers puede ser una experiencia frustrante, la ciudad compensa con muchas de las mejores experiencias que se pueden pedir para el viajero. Y como de cualquier forma hay que trasladarse a Santa Clara para el partido, los días anteriores bien vale la pena gozar la ciudad de la mejor forma posible. Así que hospedarnos en el Argonaut, en pleno Fisherman’s Wharf, parece el mejor primer paso a dar. Despertar para salir a dar una caminata matutina por la marina y Fort Mason pueden ser recompensadas con un café y donas en Dynamo Donut and Coffee para agarrar fuerza y disfrutar todo lo que Presidio tiene, desde el Palacio de las Bellas Artes hasta Fort Point. Una visita a San Francisco sin caminar el Golden Gate no estaría completa. Pero créanme que la recompensa vale la pena.


Ya es media tarde. Entonces habrá que bajar a Sausalito y cruzar las puertas de Copita Tequilería y Comida, donde el chef Daniel Téllez ha creado uno de los menús más espectaculares de inspiración mexicana de toda el área de la bahía.

No por nada apenas al primer año de su llegada se colocó en la lista Michelin con un reconocimiento Michelin Plate. Si no piden la birria, algo están haciendo mal. Con una de las colecciones más interesantes de tequila en la costa oeste, Copita se ha sabido destacar en una de las escenas culinarias más peleadas.


Cenar en San Francisco una vez al mes debería ser un derecho humano. Olvídense de Nueva York como la capital culinaria de Estados Unidos. Decidir a dónde ir es una aventura en sí misma. Ya sea que empiecen con un coctel en el Tasting Lounge del Ritz Carlton, reserven una mesa en La Folié de Roland Passot o se animen a probar el menú de una de las nuevas estrellas en Lazy Bear. Este último sirve dos menús al día de 15 tiempos y los lugares se agotan fácilmente, así que les recomiendo que hagan sus planes de manera adecuada.


San Francisco es arte y expresiones culturales. Desde el SFMOMA hasta el de Young Museum en el parque Golden Gate, dedicar una buena mañana a recorrer el museo o galería de su preferencia puede darles una larga lista de razones para volver a esta ciudad, como si la misma ciudad no fuera razón suficiente. En lo personal, el Museo memorial Legion of Honor en Lincoln Park es de mis favoritos absolutos. Y dependiendo de la hora pueden disfrutar incluso un concierto en el impresionante órgano que, me parece, es la joya de la corona de este espacio.


Ya sea que ganen o pierdan, solo les quedan dos opciones antes de regresar a casa. Reservar una cena en Atelier Crenn, un menú de degustación que bien vale los poco más de 300 dólares que se pagan por la experiencia. No es casualidad que desde hace años este espacio tiene tres estrellas Michelin en la guía culinaria más importante del mundo. Vayan a dormir y a la mañana siguiente hagan checkout del Argonaut, caminen a Pier 39 y compren algo en Boudin Bakery & Cafe. Les va a dar la fuerza necesaria para tomar el vuelo de regreso y, más importante, la primera motivación para volver a comprar el boleto de regreso.

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